Jennifer Lawrence se convierte en “¡Madre!”

tw-28827 Darren Aronofsky se ha tornado en uno de esos directores con el que todos los actores quieren trabajar, gracias a sus contundentes y polémicas visiones sobre la existencia, el dogma, el arte, la redención y una cantidad impresionante de temas, que suelen mantenerse a discusión por parte de especialistas y público. Tal es el caso de su nuevo filme, ¡Madre!, que se sale de lo convencional para abordar una compleja historia sobre la dificultad de la co-existencia.

Con las actuaciones estelares de Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Kristen Wiig y los hermanos en la vida real, Brian y Domhnall Gleeson, la cinta provoca a la reflexión, a través de la óptica de una joven mujer, interpretada por la actriz del momento en Hollywood, Lawrence, quien sufrirá un radical cambio en su idílica monotonía, cuando su marido, interpretado por Bardem, permite que dos extraños entren a su hogar, el cual, por cierto, ella reconstruye tras un misterioso incendio, colocando de cabeza la tranquila existencia de Madre.

Evidentemente, toda la aparente amabilidad y los constantes miramientos de lo políticamente correcto, son una metáfora del caos, no sólo de la protagonista, sino de los individuos en general, nunca satisfechos, siempre confundidos, repletos de esperanza pero sin lograr dar en el clavo.

Aronofsky, de plano, llevará estas sensaciones de incomodidad, tanto personales como sociales, al extremo, sin sujetarse a los cánones hollywoodense, ofreciendo una historia muy estética, aunque repulsiva por la maldad engendrada en los corazones (literalmente) de los seres humanos.

No es complicado dirimir a qué se refiere el director, nativo de Nueva York, con sus ideas y planteamientos, ni tampoco comprender al punto al que va, eso sí, es impresionante la forma en que conduce al espectador, de un sueño maravilloso a la pesadilla más brutal, acelerando el pulso de esta experiencia.

Al igual que David Lynch y David Cronenberg, Aronofsky se va consolidando como una figura emblemática del cine que navega contracorriente, engendrando otras narrativas, menos empáticas, pero notables y seductoras.

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