Encuentra a los dioses cinematográficos en “Amar o predicar”

amar-o-predicar-2 “Amar o predicar” es una emotiva historia sobre la necesidad humana de elegir entre una vocación sacerdotal o un romance mundano, que bien, podría convertirse en algo más profundo. Esa es la esencia del filme dirigido por Paul Shoulberg, protagonizado por Zachary Spicer como el joven “Padre Daniel”, Wrenn Schmidt como “Jane”, John C. McGinley como el “Padre Ollie” y el veterano de mil batallas, Danny Glover como el sacerdote, “Víctor”.

Si bien pareciera un acto de excomunión ver semejante filme, lo cierto es que es por demás meloso, bonito y con sanas intenciones. Sin problema alguno, McGinley y Glover destacan actoralmente, con personajes hechos a su medida, el primero como un sacerdote rebelde y el segundo como el creyente más grande sobre la faz de la Tierra, ambos contrapunteándose en opiniones sobre lo que hay en el Cielo.

Sin embargo, Spicer es demasiado simplón en su rol como el padre confundido, tratando de decidir qué es mejor para él, atormentado por el deseo… vaya, ni siquiera es deseo lo que profesa por “Jane”, una mujer con una enfermedad terminal, que se conecta con este monje, más puro que un recién nacido.

Este “conflicto” conducirá a los cuatro personajes centrales a redefinir sus premisas, destacando una de las escenas finales, en las que “Víctor” no se detendrá ni ante Dios mismo, para poner en su lugar a “Jane”.

Así, y sin caer en más polémicas, este cuento rosa se apachurra por completo ante la realidad, en la que en esta misma semana, 300 curas estadounidenses fueron culpados de pederastia. Pero si eres un fiel devoto de alguna creencia derivada del cristianismo, dale una oportunidad al amor.

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