Regresa “Lisbeth Salander” en “La chica en la telaraña”

1005_la-chica-en-la-telarana_620x350 Luego del éxito de cintas como “Wonder Woman” (Patty Jenkins, 2017) o “Tomb Raider” (Roar Uthaug, 2018), el género de acción protagonizado por mujeres ha cobrado gran relevancia, no sólo por el botín taquillero, también, porque implica un desarrollo positivo de la igualdad de género, al menos en lo tocante a la industria hollywoodense. Gracias a la “Mujer Maravilla” (Gal Gadot) y “Lara Croft” (Alicia Vikander), nuevos roles femeninos se han gestado en breve tiempo, aunados a los de estrenos próximos, como “Capitana Marvel” y “Battle Angel: Alita”, que amenazan con devorar millones de dólares.

Sin embargo, nunca falta el negrito en el arroz. Así, la nueva entrega cinematográfica, basada en la saga de libros sobre la hacker sueca, “Lisbeth Salander”, es un retroceso en la brecha que se había abierto. Este fin de semana se estrena en México y en gran parte del mundo, “La chica en la telaraña”, continuación (o reboot del reboot) de “La chica del dragón tatuado” (David Fincher, 2011), que integra a la exitosa actriz, Claire Foy (“The Crown”) como la nueva “Lisbeth”, sucediendo a Rooney Mara en este rol.

El problema de “La chica en la telaraña” es que prácticamente deshacen a “Salander”, anteriormente, una creíble experta en computación con un tortuoso, tortuoso pasado, para presentarla en su nuevo empaque, igualmente ataviada a lo dark, pero con una fuerza física tremenda, que le ayuda a salir avante, enfrentando cuerpo a cuerpo a sus enemigos.

Por supuesto que esta dosis de acción hace entretenida la cinta, pero despoja a “Lisbeth Salander” de su esencia, misteriosa y apabullante, con la que aparece en la trilogía literaria de Stieg Larsson, y en el cuarto libro, escrito por David Lagercrantz, tras la muerte del primero. Así mismo, la serie de filmes suecos basados en las novelas, mostraban un personaje crudo, una víctima y luego una victimaria, una trágica protagonista y una justiciera inconforme. Encarnada en esa saga por la actriz sueca, Noomi Rapace, “Lisbeth Salander”, lucía auténtica, hija de una nación de Primer Mundo, Suecia, que sangraba corrupción en las altas esferas del poder, atmósfera central de estas producciones, las cuales alertaron al mundo sobre que, sea donde sea, los crímenes de políticos y millonarios, son cosa común.

Lamentablemente, y a pesar de la gran capacidad histriónica de Foy, “La chica en la telaraña” carece de esta denuncia, para sólo ofrecer un filme de acción con una heroína que, en lugar de usar su cerebro para desenmarañar los más grandes complots, ahora es experta en armas y en vehículos motorizados, combatiente a puño cerrado, conocedora de los remedios farmacéuticos precisos para cada ocasión, fogosa amante, cual versión femenina del “James Bond” de Sean Connery, lacónica al hablar y al sentir, cual “Jason Bourne”, y para que no olvidemos sus orígenes, brillante hacker, que, por si fuera poco, intentará salvar al mundo.

Si “Lisbeth” fuera un personaje nuevo, nunca antes presentado en otro medio, sin duda, sería una película atrevida, tristemente, “Salander” ya tenía un lugar en el universo “mainstream”, lugar que ahora le han arrebatado para tornarla en un personaje vacío, poco interesante, un cliché de sus colegas en armas.

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