Presenta Peter Jackson unas “máquinas nada mortales”

Mortal-Engines-poster Fallida e intrascendente, por decir lo menos, es Máquinas Mortales, una súper-producción orquestada por Peter Jackson, el realizador de las trilogías de El Señor de los Anillos y El Hobbit, que resulta el punto más débil de este tipo de cintas, en las que se involucra la ciencia ficción, una distopía y un grupo de jovencitos ansiosos por salvar al mundo, muy al estilo de Los Juegos del Hambre o Maze Runner.

Bajo la dirección de Christian Rivers, cuyos méritos para colocarse al frente de este filme, basado en la novela juvenil de Philip Reeve, son básicamente haber realizado storyboards para las películas del universo de JRR Tolkien, estas Máquina Mortales redundan en personajes poco interesantes, clichés del cliché, incluido el de Anna Fang (Jihae), una atrevida piloto, quien desde que aparece en pantalla le avisa al público sobre su suerte al final de la historia, misma que cuando sucede, no es sorpresiva ni trascendente.

De igual forma, la misteriosa, Hester Shaw, protagonista de la trama, quien cubre su desfigurado rostro únicamente al principio de la cinta (en el texto revela su faz sólo en el desenlace), no es propiamente una heroína juvenil de acción, ya que suele ser rescatada por sus compañeros de aventuras, y además, la actriz que la encarna, la islandesa, Hera Hilmar, tiene 30 años de edad, lo cual otorga menos credibilidad al rol.

Los efectos especiales distan mucho de la excelencia creativa de las producciones de Jackson, al grado que las persecuciones entre ciudades, unas más grandes que otras, lucen demasiado cómicas al momento de presentarlas a gran escala, como si dos legos estuvieron echando carreritas, o como si el gato Silvestre persiguiera a Speedy González.

El porqué Jackson y sus socias creativas, Fran Walsh y Philippa Boyens, han fracasado monumentalmente con películas como Desde mi cielo o King Kong, es totalmente un acertijo. Pareciera que no logran ensamblar un buen equipo creativo o que ni siquiera se toman la molestia de analizar el producto antes de lanzarlo al público. O tal vez, están tan imbuidos en el mundo tolkeniano que ya no pueden mirar más allá.

La solución para ellos sería volver a las historias de JRR, ¿y por qué no?, tomar el título de El Silmarillion, y contar la precuela de la precuela de Lord of the rings.

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