Londres 2012: El atleta más grande de los JO

Por Daniel Flores

Por sus venas corría sangre irlandesa, lo que le brindó un temperamento indomable, pero su alma era propiedad de milenarios espíritus que cimbraban su fortaleza convirtiéndolo en un ser inquieto, poderoso, armónico, casi sobre-humano. Jim Thorpe «el indio de hierro» nació el 28 de mayo de 1887 en Prague, Oklahoma, descendía, por parte de su madre, del grupo nativo Sac y Fox del clan del Trueno, lo que perfiló la visión de este gran deportista para la búsqueda de enaltecer sus capacidades, tanto físicas como espirituales, en pos de la excelencia, de la trascendencia y en sí, de darle un sentido a su existencia.

Su nombre indio era Wathahuck que significa «Camino Brillante», mismo que siguió a lo largo de su carrera deportiva. En su adolescencia ingresó al equipo preparatoriano de fútbol americano «Carlisle Indian» donde demostró su potencial atlético en la posición de corredor de poder siendo seleccionado «All America» en 1911 y 1912. Practicó el deporte de las tacleadas desde 1903 hasta 1928 con diversos equipos colegiales, semi-profesionales y profesionales, se convirtió en campeón de la Unión Americana con los Bulldogs de Canton en 1916, 1917 y 1919, escuadra con la que no sólo actuaba como jugador, sino que además entrenaba. Fue nombrado en 1920 como primer presidente de la Asociación Americana de Fútbol Profesional, antecesora de la NFL.

Te puede interesar:   Sergio Pérez coloca su RP20 en el sexto lugar

A la par, jugó beisbol durante seis años, de 1913 a 1919, en las Ligas Mayores en la posición de jardinero con los equipos de Nueva York, Boston y Cincinnatti. Por si fuera poco, era el mejor en otros deportes como basketbol, lacrosse, golf, natación, remo, box y hockey, que no continuó practicando porque algunos le parecían aburridos, y otros, no le brindaban el espacio suficiente para desarrollar todas sus cualidades, no sólo como atleta, sino como persona, ya que gustaba de imbuir de confianza y solidaridad a sus compañeros o dirigidos.

Thorpe se convirtió en el atleta más distinguido de los Estados Unidos entre los años de 1910 hasta 1920, aunque era de carácter reservado, siempre abogó por los derechos de las minorías y las clases bajas, ya fueran indios, negros, latinos o europeos, quienes veían al hombre de hierro como un símbolo y estímulo para seguir sus propios senderos de excelencia. Sin embargo, los logros del heredero de los Sac y Fox no pararon ahí, él anhelaba competir contra los mejores del mundo y demostrar que estaba hecho para conseguir sucesos imposibles, milagrosos, ininteligibles.

Te puede interesar:   Coronavirus provoca que la ELMS posponga sus fechas en Barcelona y Monza

Asistió a los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912, y aunque la delegación norteamericana, en su mayoría compuesta por blancos, que participó en dicho evento no simpatizaba con los atletas negros e indios, tuvieron que quitarse el sombrero ante la proeza de Thorpe. Primero se adjudicó la medalla de oro en la segunda prueba más extenuante del atletismo, el pentatlón y días más tarde participó en la modalidad más ardua de los Juegos, el decatlón, y aunque se vaticinaba que fracasaría, el indio de hierro, haciendo acopio de su fe, de su estirpe y su raza despedazó a todos sus contrincantes para colgarse otra presea dorada. El propio rey de Suecia, Gustavo V, admirado por la fortaleza del deportista, bajó a felicitarlo y le dijo: «Señor, es usted el más grande atleta jamás visto por ojos humanos».

Pero ese fue el principio de la tragedia. A los pocos días de su triunfo, el Comité Olímpico, encabezado por Coubertin no se tocó el corazón para despojarlo de sus medallas al comprobar que durante su época de estudiante cobró un sueldo por jugar beisbol en su escuela de Carlisle, situación que atentaba contra el amateurismo propuesto por el barón. Víctima del imperante racismo de los Estados Unidos, nadie protestó en su país, nadie lo defendió y lo dejaron a su suerte,. Jim Thorpe clamaba por justicia, vaticinando que con el tiempo los atletas no podrían llegar a la excelencia deportiva sin una cuota razonable que los ayudara a mantenerse.

Te puede interesar:   La liga está por los cielos; vuelo perfecto en Coapa.

También argumentó que en su nación las oportunidades para las minorías eran escasas, por lo que ganar dinero por practicar un deporte era un modo digno de ganarse la vida. Pero nada funcionó. Regresó a casa para seguir luciendo en los emparrillados y en el diamante, aunque en su alma, hasta el día de su muerte, continuo sangrando una herida que ningún bálsamo mágico pudo curar.

Falleció el 28 de marzo de 1953 pero su espíritu se engendró en su hija, Grace Thorpe o Notenoquah (nombre indio que significa Mujer de Viento) quien batalló durante años contra el Comité Olímpico hasta que en 1982 aceptaron su error y devolvieron a la familia de Thorpe las dos medallas olímpicas. Finalmente, se rendía tributo al más grande atleta de los Juegos Olímpicos, quizá, hasta ese día, el alma del indio de hierro logró culminar su sendero brillante.

También te podría gustar...

Deja una respuesta