The Blind Boys of Alabama en el Lunario del Auditorio Nacional

The Blind Boys of Alabama, una de las más grandes instituciones del gospel, se presentará en el Lunario del Auditorio Nacional el 7 de septiembre a las 21 horas, marcando así un hito, ya que es la primera vez que este emblemático grupo pisa un escenario de México.

Ganador de seis premios Grammy, con más de 60 álbumes grabados, colaboraciones con figuras como Peter Gabriel, Prince, Eric Clapton, Tom Petty y Ben Harper, este conjunto vocal cuenta con una rica trayectoria de más de 70 años que inició en 1939, en el Alabama Institute for the Negro Blind. En ese lapso ha sido un referente obligado dentro del gospel y una clara influencia musical en intérpretes de otros géneros como el rock and roll, jazz y blues.

La temática de The Blind Boys of Alabama es religiosa y social; por eso en su biografía destaca que en los años sesenta del siglo pasado ofrecieron recitales en apoyo al movimiento pacifista de Martin Luther King en pro de los Derechos Civiles. Posteriormente han cantado en la Casa Blanca ante el presidente republicano George W. Bush (2002) y los demócratas William Clinton (1994) y Barack Obama (2010).

Miembros del Salón de la Fama del Gospel desde 2002, The Blind Boys of Alabama conservan la vigencia en el nuevo siglo. Su versión de “Way Down in the Hole” (de Tom Waits) fue utilizado en la primera temporada de la serie de HBO, The Wire (2002); en 2009 grabaron con Lou Reed el tema “Jesus” (originalmente grabado por The Velvet Underground), y trabajaron al lado de Willie Nelson, Hank Williams Jr. y Vince Gill en el álbum Take the High Road (2011), en el que se fusionan gospel y country.

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Liderados por el octogenario Jimmy Carter, los artistas invidentes son reconocidos en todo el mundo por su capacidad para convertir a sus conciertos en actos colmados de una euforia en la que desaparece la barrera entre el espíritu y el cuerpo. Sus voces y mensaje son un pase automático al optimismo.

Las raíces del gospel

La palabra gospel evoca una fiesta de espiritualidad en la que el júbilo es invitado de honor. En esas ceremonias, la palabra y la luz se vuelven baile, gritos de alegría y es inevitable el contagio de tanta felicidad, aún sin necesidad de participar de la misma fe o iglesia. ¿Quién no recuerda la escena de The Blues Brothers donde Jake (John Belushi) es convertido gracias a la presencia de un incendiario predicador, encarnado por James Brown?
El gospel es música para escuchar lo mismo el sábado en la noche que el domingo en la mañana; es decir, cabe perfectamente en la fiesta particular y en la ceremonia comunitaria del día siguiente.
En la historia del gospel hay gigantes como Mahalia Jackson ―quien afirmaba que este género encarna la esperanza, mientras que el blues va de la mano de la desesperación―, Odetta y Sister Rosetta Tharpe, artistas ajenas al simple entretenimiento.
Trazar la historia del gospel y su papel como raíz fundacional de la música moderna ameritaría una enciclopedia. Para ofrecer un perfil mínimo es válido decir que los primeros registros de canciones espirituales datan de los años 30 del siglo 18. En 1755, el reverendo Samuel Davies, un evangelista presbiteriano, escribió: “No puedo por menos que observar que los negros, más que ninguna de las especies humanas que he conocido, tienen el mejor oído para la música. Experimentan una especie de goce extático con la salmodia”.
Las canciones que nacían en templos o en las plantaciones se volvieron también himnos entonados en otros frentes. En 1831, tras una insurrección racial, el gobernador de Virginia ordenó que fueran vigilados los predicadores negros y se evitara a toda costa que invitaran a sus feligreses a cantar el tema “Se acercan tiempos mejores”.
La Guerra Civil propició que soldados negros y blancos del ejército de la Unión convivieran a pesar del segregacionismo en las filas; muchos blancos conocieron por vez primera esos cantos y algunos de ellos contribuyen a difundirlos, publicando los primeros cancioneros. Con la aparición de discos de spirituals —interpretados por cuartetos o quintetos, con voces y palmadas, o en ocasiones acompañados de piano, corneta y pandereta— en los años 20 del siglo pasado inició una difusión masiva del gospel, abriendo el camino en la radio al blues, al jazz y al doo-wop (ese género vinculado a los orígenes del rock and roll y famoso con grupos como The Coasters y The Platters).
En los años treinta del siglo 20, con la aparición del predicador baptista Thomas Andrew Dorsey, el gospel alcanzó sus más altos niveles y desde entonces permea un amplio espectro de la música popular.
El gospel está lejos de vivir en la vitrina de un museo, ya que para muchos artistas populares ha sido su primer acercamiento a un escenario, a un público, a las ganas de transmitir un mensaje de alivio. Algunas estrellas que lo han cantado en su infancia y adolescencia han sido: Little Richard, Katy Perry, Aretha Franklin, Beyonce, MC Hammer, Mary J. Blige, Stevie Wonder, Alicia Keys y Mariah Carey. Y no se diga Elvis Presley, quien grabó varios álbumes del género con sus eternos acompañantes, The Jordanaires.
The Blind Boys of Alabama es una prueba fehaciente de que el género goza de cabal salud.

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Lunario del Auditorio Nacional; 7 de septiembre, 21:00 horas. Precios: 950 pesos, primera sección; 850, segunda sección; 750, visibilidad parcial. Boletos en las taquillas del Auditorio Nacional, en el Sistema Ticketmaster y en el teléfono 5325 9000.

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