Regresa Mad Max a la furia en el camino

mad-max-4-fury-road La cuarta entrega de Mad Max, de su realizador original, el cineasta australiano, George Miller, resulta un festín visual, a veces exacerbado, pero bien atinado en ritmo, colores y sonidos, que seducen al espectador, durante los 120 minutos que dura la trama, la cual no es reboot ni precuela, simplemente una secuela, justo donde se quedó Mad Max 3 (1985), sólo que ahora, el paladín motorizado, Max Rockatanskyi, es interpretado por el monosilábico, Tom Hardy, en lugar de Mel Gibson, sin embargo, poco se extraña al veterano histrión, ya que Hardy logra ocupar la chaqueta, botas y auto de Max sin mayor problema.

La estética de Mad Max Furia en el camino es salvaje y alocada, con una escenografía desértica, donde los caminos ni las carreteras existen, sólo una excesiva ansiedad por sobrevivir en áridos parajes donde la gasolina y el agua escasean. Sorprenden, sin duda, las “coreografías” sobre autos, camiones y camionetas casi desvalijados, pero provistos cada uno de cierta “personalidad” que, como buena road movie, detona en los vehículos como personajes, tan importantes como los actores de carne y hueso.

Miller definitivamente, a sus 70 años de edad, continúa desarrollando un sello propio, voraz e innovador, trayendo a la segunda década del siglo XXI a un héroe perdido del celuloide, que parece fascinar a las masas. Destaca, igualmente, la presencia de Charlize Theron, en el rol de Imperatora Furiosa, que luce más que el propio Hardy. No sería descabellado pensar que si el filme tiene éxito, se pueda realizar un spin-off de la heroína del camino, la cual posee su propia historia en la mitología del autor.

Participan también Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Zoë Kravitz, Megan Gale y una espectacular, Rosie Huntington-Whiteley.

¿Por qué Warner le negó hace unos años a George Miller realizar su versión de la Liga de la Justicia, contando con tanta imaginación fílmica?

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