“El fin del sueño americano”, un ambicioso Ewan McGregor

Por Arturo Brum

americanpastoralheader El fin del sueño americano es el primer largometraje como director de Ewan McGregor. Fue un buen intento, pero se quedó corto, ya que el tipo de película que escogió requería un nivel de dirección más poderoso. Decidió adaptar la novela American Pastoral (Pastoral Americana) del escritor Philip Roth (ganador del premio Pulitzer por esta obra); dicho texto es considerado como un referente de la literatura contemporánea estadounidense. Ewan pecó de ambicioso.

He leído el libro y no lo voy a comparar con la película, creo que son dos narrativas diferentes y dichas comparaciones no ayudan al análisis de la cinta. Sin embargo, lo que debe prevalecer es el tema central: la falacia del “Sueño Americano”.

El término “Sueño Americano”, apareció por primera vez en 1931 en el texto The Epic of America, de James Truslow, y de una forma escueta quiere decir, que en Estados Unidos todos tienen las mismas oportunidades de sobresalir y vivir una vida económica y socialmente estable, sólo se requiere esfuerzo y trabajo. La película de McGregor quiere retratar esa mentira, ese engaño de posible igualdad. Y lo hace contando la historia de la familia Levov.

El filme es un gran flashback, ya que inicia cuando el escritor Nathan Zukerman (David Strathairm), de 60 años de edad, asiste a una reunión de su secundaria. Y lo primero que recuerda es al Sueco Levov (Ewan McGregor) un judío fuera de lo normal: era güero, con ojos azules, alto, galán y capitán y mejor jugador en el equipo de americano, basquetbol y béisbol. Así, lo vislumbra como el héroe local de su pueblo, donde adultos y jóvenes lo admiraban: el referente del “Sueño Amerciano”.

En la reunión se encuentra con el hermano del Sueco, Jerry Levov (Rupert Evans), quien le cuenta la verdadera historia de aquel héroe de su infancia.

El Sueco era un buen estudiante, gran deportista y una persona sociable. Después de la escuela se alista al ejército para combatir en la Segunda Guerra Mundial. A su regreso, se casa con Dawn Levov (Jennifer Connelly) una mujer que ganó el concurso de Miss New Jersey. Comienza a dirigir la empresa familiar (una fábrica que desarrolla guantes de cuero para mujeres), la cual fue creada de la nada por su padre. Y para culminar tiene una bella hija llamada Merry Levov.

Una vida perfecta, con una bella mujer, un buen trabajo, es respetado por su comunidad y querido por sus trabajadores (la mayoría de color): lo mejor del “Sueño Americano”. La única piedra en el zapato es que su hija tartamudea.

Pero, llegan los años 60, los hijos de la pos guerra y una nueva etapa bélica en Vietnam. Aparece otra generación, que es contracultural y antisistema, la cual los padres no entendían. Y en ese mundo la hija adolescente del Sueco (interpretada por Dakota Fanning) se inmiscuye, pero no de una forma sencilla, sino radical y violenta. Está en contra de la guerra de Vietnam y el capitalismo, que lo ve reflejado en su padre. Merry desaparece, la policía la busca por supuestos actos de terrorismo y su familia se desmorona: el “Sueño Americano” terminó.

El argumento es bueno, la historia es potente, y en manos de un director más experimentado quizá el resultado hubiera sido mejor: desde el principio se ven problemas de maquillaje, una voz en off horrible, quedan dudas sobre las motivaciones de los personajes, Ewan no hace su mejor papel, tal vez porque estaba más preocupado en la dirección.
Se estrena este 9 de diciembre en las salas mexicanas y es buen intento que quiere reflejar la famosa ideología estadounidense, las brechas gigantes que existen en los cambios de generación, la última palabra queda en el espectador.

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