Jim Carrey se vuelve “oscuro”

0_B_a-3lebesV6fiN8 Jim Carrey regresa a las salas de cine con Crímenes Oscuros, un thriller extravagante, repleto de inconsistencias y una atmósfera que trata de emular al film noir contemporáneo, sin embargo, salvo la actuación del otrora estrella hollywoodense, no hay más que solventar de esta experiencia cinematográfica.

Como ya es sabido, Carrey ha incurrido en una serie de extraños comportamientos en los últimos años, desde declarar públicamente su amor por la actriz, Emma Stone, hasta encabezar una polémica campaña contra la violencia en el cine, luego de sentirse afectado por los creadores de Kick-Ass 2, a quienes acusó de excederse en la brutalidad mostrada por su personaje, Colonel Stars and Stripes, en el corte final de dicho filme.

Tampoco le hizo nada bien el estreno en Netflix del documental, Jim and Andy, sobre la cinta de Milos Forman, Man in the moon, en la que dio vida al humorista, Andy Kaufmanen, quien revolucionó durante los setenta y ochenta la forma de hacer comedia, llevándola al extremo de la irrealidad. En dicha producción se muestra a Carrey metiéndose por completo en el rol central, al grado de que ni durante los recesos de grabación abandonaba el personaje, lo que provocó ciertas críticas ante su exacerbado trabajo que prácticamente lo hace imposible de controlar.

Con estos antecedentes, Carrey estelariza Crímenes Oscuros, bajo la dirección del griego, Alexandros Avranas, en torno al asesinato de un hombre de negocios, demasiado parecido al que se suscita en un libro publicado por el autor, Kozlov (Marton Csokas), lo que lo convierte en el principal sospechoso de Tadek (Jim), un detective venido a menos, de dudosa reputación. Sin embargo, conforme ambos se van conociendo, surge un juego obsesivo, psicótico, que complicará la vida del oficial.

A la par, la esposa del escritor, Kasia, interpretada por la magistral, Charlotte Gainsbourg, establecerá una oscura relación con Tadek, que poco a poco prefigurará un triángulo sexual de catastróficas proporciones.

Filmada en Polonia, la película toca muy levemente trasfondos sadomasoquistas, en los que parecen implicadas diversas autoridades, pero este contexto nunca explota, quedándose en un mero adorno en la construcción de los crímenes. Si bien Carrey se había caracterizado por lograr notas altas como un actor dramático, alejándose de sus antiguos roles cómicos, en esta ocasión se le ve cargando sobre sus hombros la responsabilidad de sacar la cinta a flote, algo que consigue a medias tintas.

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