Chazelle y Gosling aterrizan en la luna

first-man-people-photos-913 El director ganador del Óscar, Damien Chazelle, regresa con El primer hombre en la luna, filme que se centra en una parte de la vida del astronauta norteamericano, Neil Armstrong, claro, el individuo que colocó su huella en el satélite natural de la Tierra en 1969, convirtiéndose en el primer ser humano en alcanzar dicha proeza. Ryan Gosling da vida a este emblemático personaje, acompañado por Claire Foy, en el rol de Janet, la esposa de Armstrong, quien padeció un calvario durante el proceso de la misión, preocupada siempre por los riesgos a los que se exponía su marido.

Si bien la cinta fue criticada por no hacer grandilocuentes las escenas de la conquista lunar por parte de la NASA, lo cierto es que hay un dejo obvio de Chazelle por mostrar a los Estados Unidos como una nación siempre respetuosa de sus héroes, señalando de cuando en cuando las críticas suscitadas en los sesenta, cuando se consideraba que los viajes a la luna eran innecesarios y hasta falsos.

Chazelle y Gosling construyeron a un Armstrong lacónico, afectado por la muerte de su hija, pero siempre consistente en llevar a cabo la misión. En cierta forma es el paladín herido, pero honorable, poco crítico de lo que acontecía a su alrededor, ensanchando a través de sus silencios la grandeza norteamericana, siempre dispuesta a compartir sus hazañas con el resto del mundo.

La entereza de la América blanca (no es exagerar pero pareciera que la cinta es un cántico al “Make America great again” de Donald Trump) es representada eficazmente en El primer hombre en la luna, causando cierto rechazo al producto final.

Chazelle bien podría contender por el Óscar, nuevamente, como Mejor Director, pero sin la gracia de La La Land, por la que se alzó con la estatuilla dorada en dicha categoría. De hecho, este realizador pareciera moverse de acuerdo a los tiempos, regresando al pasado distante para, con un ritmo semi-lento, recordarnos que la historia le pertenece a los ganadores.

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