“Siempre serás mi hijo”: un collage fílmico sobre las adicciones

Christian Convery and Timothée Chalamet star in BEAUTIFUL BOY

Siempre serás mi hijo es un filme sobre el poder del amor paternal, a veces olvidado, hecho a un lado ante la inmensidad de la madre. Sin embargo, el Séptimo Arte ha ofrecido intensas tramas en torno a la grandeza del padre, destacando Kramer vs. Kramer, No se aceptan devoluciones, e incluso, Duro de Matar 5, en la que hasta el rudo, John McClane (Bruce Willis), se vuelve un amor con su vástago. Así, pero con tintes melodramáticos, se estrena en México esta película, protagonizada por Steve Carell y Timothée Chalamet.

Bajo la dirección de Felix van Groeningen y basada en las memorias biográficas de David Sheff y Nic Sheff, la película se desarrolla como una especie de collage, en el que los personajes centrales, David (Carell) y Nic (Chalamet), padre e hijo, respectivamente, se enfrascan en una batalla por la salvación del segundo, un adicto a las drogas y al alcohol, cuya redención parece lejana.

En constante lucha, David buscará todas las maneras posibles para desintoxicar a Nic, un adolescente cercano a la edad adulta, incapaz de controlar su adicción, a pesar de ser un joven de buen corazón, pero devastado por los yerros del progenitor, un obsesivo del control, y de la displicencia de la madre, Vicki (Amy Ryan), quien sólo reaparece en la vida de su hijo en los momentos casi perdidos de esta guerra.

Además, David necesita estar con su segunda familia, que incluye a su esposa, Karen (Maura Tierney) y sus dos pequeños, los cuales, desde su mirada infantil, son testigos de la desgarradora relación entre su hermanastro y su padre.

Repleta de canciones, incluida, claro, Beautiful boy, de John Lennon, el filme se torna un tanto meloso, a pesar del severo problema que refleja. Las secuencias transcurren aderezadas con música pop, rock suave, country y hasta ópera, misma que fondea en la escena más triste, a la usanza de Filadelfia (1993) con Tom Hanks.

Si bien se trata de un esfuerzo loable por mostrar una historia de superación, cae en un exceso de manipulación hacia el público, llevándolo hacia donde quiere, sin dar tregua alguna.

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