“Corazón borrado”, los infames centros que odian la homosexualidad

Por Arturo Brum Zarco

Corazón borrado, basado en un hecho real, narra la lamentable y espantosa experiencia de un joven homosexual que fue inscrito a un centro de conversión, donde afirman que la homosexualidad se puede “curar”.

Suena lógico pensar que en este siglo XXI los derechos de la comunidad LGTB son una realidad, es decir, que cuentan con todo el respaldo de la ley para casarse, adoptar y no ser discriminados; sin embargo, a pesar de los avances en este tema, todavía existe la homofobia, la discriminación y gente que no los respeta.

La homofobia es como un virus que hay que erradicar, ya que éste sólo entiende su discurso con base en odio e ignorancia. Para ejemplo están las organizaciones que afirman que pueden “curar” a una persona de su homosexualidad; sin ninguna base científica aseguran que hay tratamientos para que la gente deje de ser gay, ¡una verdadera paparrucha!

Y los más triste, es que hay personas y familias que sí creen en estos centros de “rehabilitación” e inscriben a sus hijos o hijas a estos lugares. Sitios donde gente que no es especialista sino fanática religiosa realiza actos atroces e infames para según ellos “curar” la homosexualidad. Aún hay mucho trabajo que realizar para defender a la comunidad LGTB.

Ese es el tema de la conmovedora cinta Corazón borrado (Boy Erased), dirigida y protagonizada por Joel Edgerton, quien nos muestra una cinta sutil, abrumadora, desgarradora, sincera. Una denuncia a los espantosos centros que afirman que la homosexualidad es una enfermedad y se puede curar.

Con un guion sensible y demoledor Corazón borrado enseña una realidad penosa, donde el odio justificado por la fe de la Iglesia Cristiana cree que con herramientas violentas de persuasión y manipulación se puede cambiar a las personas.

Basado en un hecho real, narra el suplicio que pasó Jared Eamons (Lucas Hedges), un joven homosexual, hijo de un pastor cristiano, Marshall Eamons (Russell Crowe) y de una madre amorosa pero sumamente religiosa, Nancy Eamons (Nicole Kidman), cuando sus padres decidieron inscribirlo a un programa de conversión. Esto después de que se enteraran que su hijo fue abusado sexualmente por un compañero de su universidad.

Ante tal hecho, Marshall pide consejo a otros pastores para que le ayuden con el “problema de su hijo”, la solución: llevarlo a que lo “curen”. Así, el padre de familia convence a su hijo que está enfermo, que cuando lo violaron él tuvo la culpa, por eso Jared acepta.

Al llegar al centro de conversión, dirigido por Victor Sykes (Joel Edgerton), Jared se encuentra con un mundo parecido a una cárcel: no pueden usar celular, ni contar lo que pasa adentro, incluso no se les permite ir al baño solos.

El ambiente en dicho centro es lúgubre, el color del lugar es grisáceo, es un centro hermético. La cinta realiza un trabajo excepcional al llevarnos a un lugar que parece un infierno adornado por un gran crucifico.

Jared poco a poco va descubriendo la farsa del centro de conversión y se va aceptando tal como es; la película tiene un mensaje esperanzador, como un grito ante la crueldad que viven muchas personas homosexuales.

Russell Crowe y Nicole Kidman hacen un trabajo aplaudible, contenido; pero en la película destaca la actuación de Lucas Hedges, quien sutilmente nos muestra a un personaje que creció en una familia sumamente religiosa, conservadora y que al principio se apena por sus deseos sexuales y amorosos, para después crear alguien seguro y sensible, que descubre la importancia de amarse a sí mismo.

Sin caer en dramatismos exagerados, pero sí mostrarnos actos despreciables en contra de personas homosexuales, Corazón borrado está basado en las memorias de Garrad Conley, quien actualmente es un activista que pelea por los derechos de la comunidad LGTB.

Una cinta que no tiene un narrativa lineal, ya que por medio de flashback va mostrando que ante la ignorancia, el amor y la fortaleza son fuertes herramientas para acabar con la homofobia.

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