“Chucky”, un muñecote que no pasa de moda

A pesar de que el flamante reboot de “Chucky, el muñeco diabólico” no cuenta con la bendición de Don Mancini, el creador de la saga original del malvado juguete, esta producción contiene los elementos que hicieron taquillero al pelirrojo ente de plástico, desde el humor negro hasta la anécdota de la soledad como detonante de conductas violentas en el ser humano.

Así, bajo la dirección de Lars Klevberg, y la voz del eterno, “Luke Skywalker”, Mark Hamill, “Chucky” regresa a las andadas, ahora, como una especie de inteligencia artificial, conectada a una empresa tecnológica, la cual provee a los hogares del mundo con el Internet de las Cosas, situación que potencialmente daría al malvado muñeco un poder inimaginable, sin embargo, el realizador y los productores, Seth Grahame-Smith y David Katzenberg, optaron por no desbocarse con la ciencia ficción y mantuvieron al personaje dentro del género del horror.

De este modo, “Chucky” y el nuevo, “Andy” (Gabriel Bateman), experimentarán una rara historia de amistad, amén que el chico es un poco agresivo y huraño, víctima de un profundo aislamiento, ensanchado por la distante presencia de su madre, “Karen” (Aubrey Plaza), quien tiene que matarse trabajando para mantener a ambos, sin olvidar sus tormentosas relaciones con el patán más cercano que influyen negativamente en el menor.

Evidentemente, “Andy” vuelca su afecto en el muñeco, que a su vez, por un fallo en su fabricación, es capaz de aprender comportamientos hiper-violentos, además de tornarse en una entidad posesiva y controladora, cual padre manipulador, sólo que, claro, se convierte en una máquina asesina, alejada de la historia original, en la que un multi-homicida realiza un embrujo para escapar de la justicia y enviar su alma a un muñeco desternillante.

Si bien el filme, que costó 10 millones de dólares, apenas ha recabado 27 millones, mercados como el mexicano y el latino en general, gustan demasiado de este personaje. Tal vez su desquiciado humor, su ridícula y pequeña presencia o su carisma han logrado que “Chucky” sea una estrella global. Para no ir más lejos, el año pasado, durante el Festival Macabro de cine de horror, el director y “padre” del muñeco maligno, Don Mancini, recibió con gusto a los miles de fans de nuestro país, que asistieron a los diferentes eventos donde éste se presentó, para tomarse fotos, firmar autógrafos y mercancía relacionada con el maldito monstruito, varios productos bastante costosos, lo que demuestra que “Chucky” y Mancini tienes un leal ejército de seguidores.

Es notorio que los fanáticos del cine de horror han colocado en un pedestal a grotescas creaciones que si bien han cambiado por generaciones, varias de éstas continúan generando una morbosa fascinación. En el caso de los juguetes con vida propia, capaces de ejecutar atrocidades, estos han deleitado al público, desde “Talking Tina” de “Dimensión desconocida”, hasta “Annabelle”, pero es innegable que “Chucky” tiene un lugar especial en el panteón de los seres abominables del posmodernismo.

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