«El faro», una sofocante historia sobre los miedos primitivos

El faro es un intenso viaje cinematográfico hacia lo más profundo de la soledad humana, exhibiendo la destrucción psicológica de dos individuos, Thomas Wake (Willem Dafoe) y Thomas Howard (Robert Pattinson), los cuidadores de esta centella, ubicada en una misteriosa isla en Nueva Inglaterra. Bajo la dirección de Robert Eggers, con guión propio y de Max Eggers, esta película es provocativa, brutal y un tanto sofocante.

Si bien ya hemos visto esta premisa con anterioridad, El faro goza de las excelentes interpretaciones de Dafoe y Pattinson, éste último, usualmente minimizado actoralmente, sin embargo, una vez más, demuestra su poderío histriónico, en una batalla de tú a tú con el experimentado Willem.

La cinta es por momentos escabrosa, obligando al espectador a reflexionar sobre si lo que los personajes sufren es real o producto de sus turbadas imaginaciones, en las que ven desde una sirena hasta monstruos, el alusión del padre del horror marítimo, William Hope Hodgson.

No es, sin embargo, una película de horror, de hecho, es difícil clasificarla, pero resulta muy disfrutable para quienes gustan de este tipo de tramas, repletas de nudos psicológiocos.

El desenlace es trepidante, ya que una porción del interés de la historia es descubrir que hay arriba del faro, ¿qué monstruosidad luminosa habita en ese cubículo de cristal?

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