Cómo impacta la obesidad en la disfunción sexual de la mujer

La salud sexual, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se define como un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad. Por ende, la disfunción sexual está también reconocida como un problema de salud.

La Dra. Emilia Arteaga Espinosa, genetista médico y perinatal destaca: “La salud sexual no es la ausencia de enfermedad ni la ausencia de disfunción o incapacidad, se refiere más bien a un estado de bienestar que está compuesto por múltiples factores. No es únicamente algo físico ni únicamente algo emocional, es el conjunto de ambos. Por esta razón, es importante que al presentarse alguna alteración en la salud sexual se traten todas las vertientes, por ejemplo, el deseo sexual, que es una arista clave de la disfunción sexual”.

Estudios en población mexicana y latina han buscado cuáles son los factores biopsicosociales que están asociados con la disfunción sexual de la mujer. En México, las principales situaciones relacionadas en orden de jerarquía son:

  • La edad (en todas las edades la disfunción sexual se presenta en el 40% de mujeres, pasando la menopausia, entre los 50 y 60 años, en alrededor del 50% y en mujeres mayores de 70 años hasta en el 70% de ellas)
  • Atravesar el síndrome climatérico o menopausia
  • Diabetes
  • Hipertensión
  • Sobrepeso y obesidad
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“Hablando únicamente de sobrepeso y obesidad, lo que se sabe es que una mujer con un Índice de Masa Corporal (IMC) mayor de 25, que ya quiere decir sobrepeso, tiene 1.5 veces más riesgo de tener disfunción sexual que una mujer con un peso saludable. Una mujer con un IMC mayor de 30, que ya es obesidad, tiene hasta 3 veces más riesgo”, indica la Dra. Arteaga Espinosa. En general, la mujer obesa tiene menos relaciones sexuales y esto puede deberse al exceso de estrógenos derivados de la obesidad porque producen una disminución de la progesterona, una hormona fundamental en el deseo sexual.

La diabetes es la tercera causa relacionada con disfunción sexual en la mujer, sin embargo, el 90% de casos de diabetes mellitus tipo 2 se relacionan con sobrepeso y obesidad. En las mujeres que tienen resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes, y padecen obesidad, suele observarse frecuentemente la presencia de Síndrome de Ovario Poliquístico, donde puede presentarse hiperandrogenismo, es decir, demasiados andrógenos circulantes, que aunque teóricamente aumentan la libido, generan también datos de virilización como la aparición de acné, vello facial, entre otras, que tendrán sin duda un impacto negativo en la sexualidad. Evidentemente, la función sexual de la mujer depende de las hormonas y múltiples factores adicionales.

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El sobrepeso y la obesidad impactan en la función sexual de la mujer no sólo en la parte biológica, sino que también tienen un impacto emocional. Por lo general, se ve afectada su autoestima y esto, a su vez, afecta la relación con su pareja por temor a su respuesta.

La presión arterial elevada también está relacionada con sobrepeso, obesidad y diabetes. Todas son un conjunto de enfermedades relacionadas. Cuando se padece hipertensión, hay mayor resistencia de los vasos sanguíneos y gran parte de la excitación viene de la mano de una correcta vasodilatación e irrigación sanguínea de los órganos sexuales, tanto de hombres como de mujeres. Entonces, cuando hay una alteración en la presión arterial puede influir en la función sexual normal.

Agrega Arteaga: “Lastimosamente, la importancia hacia el deseo sexual femenino no ha sido tomada en cuenta. La mujer no depende de la satisfacción ni el deseo sexual para la reproducción, el hombre sí. Si el hombre no tiene un orgasmo no eyacula y si no lo hace, no puede reproducirse. En cambio, la mujer ovula independientemente de que tenga satisfacción o deseo sexual. De hecho, el 20% de las mujeres ha tenido muy pocos o ningún orgasmo en toda su vida”.

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Los expertos en la materia recomiendan como tratamiento un modelo biopsicosocial. Lo principal debe ser que la mujer sepa y acepte que tiene disfunción sexual y que no tenga miedo de comentarlo con su médico. Se debe romper esta barrera para que la mujer tenga un abordaje correcto hacia una salud sexual óptima.

Como recomendación final, la Dra. Emilia Arteaga concluye: “Uno no puede diagnosticar ni tratar algo que no conoce. Entonces, lo primero que se tiene que hacer es cambiar nuestra percepción frente a la sexualidad femenina ya que es una parte esencial de su vida, independientemente de su edad. Como médicos, como pacientes y como sociedad, lo primero que tenemos que hacer es quitarnos la venda de los ojos y abrir un poco la mente hacia cosas que por mucho tiempo han hecho que la mujer se sienta inferior frente a su sexualidad».

 

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